sábado, 28 de noviembre de 2009

El precio del poder

En Argentina, abastecer a un diario con el papel necesario para ser impreso, cuesta $3.076

Los diarios independientes o de pequeña y mediana tirada denuncian continuos aumentos en los costos del papel, que es producido por una sola empresa en todo el país. También señalan que sólo los diarios dueños de la empresa y sus socios se benefician con la distribución de esta materia prima.

¿Cuánto sale hoy en Argentina ser un periodista independiente? $3.076. Este es el precio de la tonelada de papel que un periódico debe pagarle a la industria Papel Prensa, única proveedora de papel de estas características en todo país, y que está en manos de los diarios Clarín, La Nación y del Estado desde 1977. Un año después del comienzo del último golpe militar, la dictadura de Jorge Rafael Videla expropió la empresa a la familia Graiver y la “regaló” a estos diarios, pagando con un subsidio del Banco Interamericano de Desarrollo. (Ver “Sin papeles de por medio...”)
“Nosotros hemos denunciado desde siempre el negocio de Papel Prensa que sólo beneficia a los diarios que son propietarios. De todas maneras, debemos seguir comprándole a ellos el papel, ya que importarlo es más caro, y no es papel de buena calidad”, explicó a este medio Juan Gossen, jefe de la sección Política del Diario Hoy de La Plata. Ya son varias las editoriales que Myriam Renée Chávez, directora de este medio provincial, ha firmado en contra del manejo que se hace de la empresa, la cual actualmente está representada desde el Estado por Beatriz Paglieri, una funcionaria cercana al secretario de Comercio, Guillermo Moreno.


Ubicada en San Pedro, Papel Prensa S.A. es la única proveedora de papel para diarios del país.

Uno de los principales puntos que se critican acerca de este monopolio del papel, son los continuos aumentos que viene sufriendo la materia prima desde hace décadas y que en los últimos años ha significado un gran perjuicio para los diarios chicos, alternativos y/o independientes de grandes conglomerados mediáticos. Las investigaciones realizadas por el diario hoy, arrojan los siguientes datos: en diciembre de 2006 la tonelada de papel costaba $ 1.567; en enero de 2007, $ 1.571; en noviembre del mismo año, $ 1.734. Ya en 2008, en enero los costos ascendieron a $ 1.903; mientras que en mayo de ese año pasó a costar $ 2.151. A fines de 2009, en cambio, el costo que se maneja es de $3.076. Sumado a esto, se observó un notorio aumento de los costos de traslado del papel, que pasó de salir $ 210,91 por tonelada en 2006, a $ 280,95 en enero de 2007. Es decir, en sólo un mes, hubo un incremento de $70. Por otro lado, a estos costos se le deben sumar los impuestos, que implican el 21% de IVA, 3% de Ingresos Brutos y 3% de Retenciones. Si se realizara un estimativo de cuánto le cuesta a un diario independiente comprar una tonelada de papel, transportarla y estar al día con los impuestos, estaríamos hablando de $ 4.263,30.
Otro asunto a tener muy en cuenta es que no basta con tener el dinero para poder comprar el papel. Al estudiar el modo en que se reparte la producción anual de papel y los diarios que concentran la mayor cantidad de él, se observa una concentración más que evidente, no sólo de la producción del producto, sino también de su consumo. En una investigación publicada por Radio Vida (FM 97.7) de la provincia del Chaco, se advirtió que, de las 250 mil toneladas de papel que se producen, Papel Prensa se encarga de 170 mil. De esa cantidad, 100 mil son consumidas por el diario Clarín y 40 mil por La Nación (los dos dueños de la empresa). Apenas restan 30 mil toneladas para ser distribuidas entre los demás medios.
Esta situación no sólo afecta el acceso al papel, sino también la tirada de algunas publicaciones. El informe de Radio Vida resalta el caso del diario Crónica, que antes de que Papel Prensa se creara, vendía un total de 700 mil ejemplares contra 300 mil del diario Clarín. En el semanario Perfil, su editor Jorge Fontevecchia señala, además, que cuando Papel Prensa se consolidó, los costos del papel pasaron a representar “más de la mitad de todos los gastos de producción”. Actualmente, Crónica vende menos del 10% que en sus mejores épocas.


El dictador Jorge Rafael Videla y Ernestina Herrera de Noble brindan durante la inauguración de Papel Prensa, en 1977.

¿Cuál es, entonces, la opción para los diarios que no pueden o no quieren formar parte de este negocio? Muchos medios se ven forzados a importar el papel desde Chile, cuyas dos principales empresas son Bío Bío y el Complejo Arauco. Sin embargo, los precios en el país limítrofe están dolarizados, lo que significa un aumento gradual de los costos, dada la devaluación del peso argentino.
Es evidente que el tema no es nada simple para el Gobierno nacional. Por un lado, el ministro de Economía afirmó nuevamente esta semana que no era intención del Estado quedarse con la firma. A su vez, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández no hizo declaraciones respecto de este tema, a pesar de las consultas que este medio le hizo por teléfono y a través del correo electrónico.

Puertas afuera

Aumentos de precios, monopolios y situación de medios independientes, en el mundo



Aunque es evidente que no son muchas las opciones que tienen los diarios alternativos, resulta igualmente interesante observar cuál es la situación de Papel Prensa en otros países. En Estados Unidos y Europa, los medios locales han sufrido sostenidas pérdidas económicas debidas a un descenso de las publicidades y las ventas. Sobre todo en Estados Unidos, según indica el sitio de internet Enciclomedios, el público que usualmente consumía diario en papel se ha volcado en los últimos años a los medios digitales, provocando un descenso en las ventas que ha preocupado y mucho a los empresarios de los principales diarios del país. Pero las complicaciones no terminan ahí. En noviembre de este año, la empresa multinacional Norske Skog, que representa el segundo proveedor a escala mundial (y provee a la chilena Bío Bío), anunció que habrá un aumento del 20% en los precios del papel debido a las pérdidas que ha generado este declive en el consumo de medios escritos.
Por otro lado, las principales empresas norteamericanas relacionadas a la producción en este rubro (las candienses AbitibiBowater, Catalyst Paper y Tembec) lograron amortizar las pérdidas con la exportación de papel a Latinoamérica y Asia. Y es aquí donde el círculo se cierra. Para recuperar las pérdidas económicas locales, los grandes grupos productores de papel han exportado a países subdesarrollados, que en muchos casos no pueden hacer frente a los costos por sus monedas devaluadas.
Desde mediados de los años noventa, el diario El Mundo de España ha hecho seguimientos de los reiterados aumentos en el costo del papel. Durante una crisis de costos de producción que se observó en 1994 en Europa y Norteamérica, se llegó a apuntar a la existencia de monopolios que manipulaban el precio del papel en desmedro de los medios más pequeños. El diario New York Times había contemplado la posibilidad de querellar a las empresas productoras de papel por actitudes monopólicas al momento de fijar precios. En España, por otro lado, se apunta desde hace años a Noruega, Suecia y Finlandia, cuyas empresas productoras de papel aumentan sus costos de manera simultánea.

“El hombre de Clarín en el gobierno K fue Alberto Fernández”

Entrevista al ex periodista de Clarín Pablo Llonto, autor de “La noble Ernestina”.

En 1994, el diario le prohibió la entrada a la redacción. Lo echaron en 1999. Aunque hubo dos juicios resueltos a su favor, Clarín llevó el caso a la Corte Suprema menemista y Llonto jamás recibió la indemnización por despido.


Abogado y periodista, Pablo Llonto trabajó en el diario Clarín y la revista Somos, entre otros. Sentado en el bar de Comodoro Py, luego de asistir a una audiencia prolongada, habla de dos temas que conoce de cerca: Clarín, el Estado y Papel Prensa.
Clarín, La Nación y La Razón nunca pagaron por Papel Prensa sino que el Estado terminó financiando esa operación con un subsidio del banco Interamericano de Desarrollo, ¿es así?
Se supone que la plata se pagó. Que ese préstamo Clarín lo devolvió. Y lo dice Papel Prensa. Está todo oscuro y hay una falta de información enorme. Por eso estamos tratando de abrir una causa… A la familia Graiver la secuestraron, le sacaron los bienes, los obligaron a vender Papel Prensa. Es una empresa mal nacida. Sería bueno que la Justicia lo investigue y tiene que tener un punto de contacto con los delitos de lesa humanidad. Porque sino el delito ya prescribió y no hay juez que investigue.
¿Es verdad que Clarín les hace descuentos especiales a algunos diarios con respecto a la venta del papel?
Eso es lo que supuestamente dice este Gobierno que hay que investigar y tiene razón. No se aprobaron las cuentas de Papel Prensa porque hay que investigarlas, seguro que va a haber cosas raras. Uno solo de los que hablaron fue José Pirillo y cuenta la experiencia de un año y habla de cómo jodían a la empresa y hacían esas triquiñuelas para seguir dominando. Pirillo les preguntaba cómo iban a dar facilidades. Clarín le decía: “cállate la boca, acá aparte de hacer negocios, hacemos operaciones políticas aunque cueste plata”. Obviamente no lo decía así, pero quedaba claro. En la época del alfonsinismo y menemismo el representante del Estado no decía nada, por eso ahora la parte buena de esta historia es que, después de 35 años, el representante deja de ser un forro de Clarín y La Nación. Ahora, el gran ladrón de esta etapa tiene nombre y apellido y se llama Alberto Fernández, que era el representante del Estado. Está cada vez más claro que el hombre de Clarín en el Gobierno era (Alberto) Fernández.


En la entrevista que Llonto dio en el bar de los tribunales de Comodoro Py, analiza la importancia de Papel Prensa y los planes del Gobierno.
¿Por qué Papel Prensa fue tan tentadora en su momento?
Primero porque se importaba papel. Hoy el negocio no es tan complicado y restringido como en aquella época. Por eso cuando se habla de cómo (Juan Domingo) Perón lo reguló, lo administró y lo usó como arma política para intentar tener a los diarios a su favor uno comprende la importancia que tenía el papel en aquella época. También la tenía en el ’76, era muy caro importar papel y hacía falta una fábrica nacional. Para el Estado era una cuestión importante. El Estado se metió en la fábrica de papel y con eso Clarín y La Nación tuvieron que callarse muchas cosas. Los medios callaron fundamentalmente porque estaban totalmente de acuerdo con lo que decía la dictadura y creo que si no hubiera existido Papel Prensa la actitud de los medios hubiera sido exactamente la misma. Me parece que lo del papel era parte de esta cuestión de Estado industrial. Lo generaron y, desde el punto de vista político- económico, no está tan mal. Acá, la mancha de sangre es como se lo sacaron a Graiver. Ahí está el delito.
¿Cree que el Gobierno tiene un plan para estatizar Papel Prensa?
No creo que tenga un plan. Si me preguntás a mí, estoy de acuerdo (en estatizarlo). Es necesario que, en la actividad privada que se chantajea, el Estado se meta. Clarín los tiene agarrados a todos por el tema del papel, porque utilizaron el método de dar adelantos. Muchas empresas que necesitaban el papel te cuentan: Papel Prensa da papel, entonces te dice “¿Cuánto necesitás?”, ellos dicen “tanto, pero no tengo para pagar”, “no importa, lo documentamos y te llevas el papel”. Entonces quedás agarrado, y Clarín los tenía agarrados.

Sin papeles de por medio: la historia

Un repaso por los principales sucesos ocurridos en la compra y adjudicaciones de Papel Prensa. La dictadura como constante.

Las diferentes dictaduras militares fueron el hilo conductor que más definió la historia de Papel Prensa. Si bien la intermediación de Estado estos negocios se inició en 1950 durante el primer mandato de Juan Domingo Perón, no fue hasta agosto de 1969 que se creó el prototipo empresarial que derivaría en lo que hoy conocemos como Papel Prensa. Se trató del Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa, entidad creada por un decreto del entonces presidente de facto Juan Carlos Onganía. Se fijó un impuesto del 10% para las importaciones de papel, a modo de inversión a largo plazo que acabó beneficiando, finalmente, a unos pocos medios. Dicho porcentaje se mantuvo a lo largo de toda la década siguiente.
Ya en 1971 fue Alejandro Agustín Lanusse, otro presidente golpista, quien vendió la empresa a un grupo inversor compuesto por César Civita (editorial Abril), César Doretti y Luis Alberto Rey. Solamente un año más tarde, Rey tenía control sobre el 80% de la empresa y comenzó a ser señalado como testaferro de David Graiver, presunto “banquero de Montoneros”.
Sin embargo, la historia dio un nuevo vuelco cuando Graiver falleció durante un sospechoso accidente aéreo en 1976. La viuda, su hermano y su padre habrían sido forzados a realizar la transferencia de Papel Prensa a los dueños de los principales diarios del país. En la reunión se encontraban presentes Bartolomé Luis Mitre (La Nación), Patricio Peralta Ramos (La Razón) y Héctor Magnetto (Clarín). Poco tiempo después de que los Graiver realizaran el traspaso a los tres grandes diarios de la época, el entonces general Camps, en plena dictadura de Jorge Rafael Videla, encabezó un operativo que detuvo a todos los miembros de la familia Graiver e intervino sus bienes.
Una vez que los grandes medios se aseguraron el control de la empresa, el tema se acalló por muchos años. En 1986, el titular de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, Ricardo Molinas, abrió una investigación sobre la empresa. Comprobó que su valor ascendía a 250 millones de pesos de ese momento, mientras que, en 1977, Clarín, La Nación y La Razón, lo habían comprado a tan solo ocho millones. En su libro “Detrás del Espejo”, Molinas aseguró que “Papel Prensa es uno de los casos de corrupción más graves de la historia argentina”.
Mientras que los actuales representantes de los medios gráficos en Papel Prensa son desde hace años Héctor Magnetto, CEO de Clarín, y Julio César Saguier, de La Nación, por el lado de los representantes estatales, hasta la época de Menem se desempeñaron como representantes Alejandro Mac Farlane y el dirigente cordobés Luis Juez. Ya en la época de Néstor Kirchner, el Ejecutivo eligió a Dante Divena y Norma Rosende. En 2006 fueron reemplazados por Juan Drucker y Carlos Mauricio Mazzón. Un año más tarde, tras un decreto firmado el 13 de julio, la representación del Estado estuvo a cargo del entonces Jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Durante este año, el tema de Papel Prensa regresó con un pequeño escándalo. Carlos Collasso denunció al secretario de comercio Guillermo Moreno de haber amenazado a los dueños de Papel Prensa durante una reunión ocurrida en julio de este año.

Algo huele mal

Cómo la investigación sobre la contaminación de Papel Prensa le costó el puesto de secretaria de Ambiente a Romina Picolotti.

Romina Picolotti asumió como secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable el 6 de julio de 2006. Tras más de dos años, el 2 de diciembre de 2008, presentó la renuncia a su cargo luego de que una denuncia de corrupción realizada por el diario Clarín, que apareció después de que iniciara una investigación sobre la posible contaminación de Papel Prensa (cuyos dueños son el Grupo Clarín, el diario La Nación y el Estado), desgastara su imagen.
Luego del rechazo el 13 de julio de la Corte Internacional de Justicia de La Haya a la demanda que había presentado el gobierno de Néstor Kirchner contra Uruguay por la violación del Estatuto del Río Uruguay, la nueva estrategia de Picolotti fue comenzar a realizar investigaciones sobre contaminación “puertas adentro”. El caso de la fábrica Papel Prensa fue el que le marcó su futuro.
El 9 de marzo de 2007 funcionarios de la Secretaría de Ambiente comprobaron que desde la planta de Papel Prensa se vertían, en un canal que desemboca en el Río Baradero, líquidos contaminantes. Fijaron que en un plazo de 180 días se debía eliminar esa infracción. Sin embargo, las refacciones nunca se hicieron y el diario Clarín, en “respuesta”, publicó 8 de julio de ese año una nota titulada “Los extraños manejos en la Secretaría de Medio Ambiente”.
De esa nota devinieron denuncias penales contra la funcionaria y su puesto estuvo en riesgo aunque, luego de un pedido de explicaciones, desde el Ejecutivo la confirmaron en su cargo. “Esto no es más que una terrible operación política”, expresó tres días después de la publicación de la nota el entonces jefe de Gabinete Alberto Fernández.
El avance respecto de la contaminación de Papel Prensa lo dio la Justicia. El 7 de septiembre de 2007 el fiscal de San Nicolás, Juan Patricio Murray, inició una causa de presunta infracción a la ley de residuos peligrosos. “En base a una serie de denuncias anónimas que se habían registrado en el número de la Secretaría de Medio Ambiente y otros elementos, consideramos que era adecuado comenzar una investigación”, afirmó Murray.
La investigación llegó a una primera conclusión el 11 de abril de 2008, tras varios intentos de Papel Prensa de frenarla: el Instituto Nacional del Agua confirmó la existencia de contaminación en el canal donde caen los desechos industriales. Sin embargo, los abogados de la empresa lograron parar el proceso judicial más allá con las contundentes pruebas con que se contaba. Según fuentes cercanas al fiscal Murray, el expediente descansa en el despacho del juez Carlos Villafuerte Russo.
Luego de la renuncia de Alberto Fernández en julio de ese año, la situación de Picolotti quedó más endeble. Las denuncias en su contra continuaron y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no volvió a brindarle apoyo. El jefe de Gabinete, Sergio Massa, le pidió el 2 de diciembre su renuncia. Hoy la ex funcionaria no da notas a la prensa y evita hablar de la investigación que le costó un importante desprestigio para su carrera.